La metafísica del tráfico

Alfonso Maldonado
4 min readSep 9, 2023
Foto tomada de redes sociales, por varios medios

Como tantas cosas, la palabra metafísica se encuentra devaluada. Durante mi adolescencia me enteré, puesto que no era el tipo de libros que me llegaba, que era usada para hablar de forma sofisticada de prácticas más cercanas al espiritismo. Todo lo que rebasaba lo constatable por la física, para evitar ser echado en el saco de lo engañoso, era catalogado como metafísico, por encima de la física y, sospecho, propio de un mundo aparte con leyes distintas y que podían contradecir.

Claro que cuando comenzamos a hacer distinciones, habría que distinguir el mundo físico del regido por la fe. Pero esta distinción entre natural y sobrenatural debe ser tomada con cautela. Igual que la referencia a lo espiritual. Por la fe en el Dios creador de las leyes de la física no está en contradicción del que ofrece la salvación por la gracia. No son dos dioses diversos sino un único Dios. Tampoco es que le salió mal el primer plan y lo corrigió en el segundo, sino que uno y otro, distinguibles, no están en contradicción sino en complementación. Al final la fe en el Dios revelado es la fe en el Dios creador y no solo en la Santísima Trinidad como si fuera un ente aparte.

Regresando a la metafísica, esta se refiere a lo que tiene existencia y consistencia. Es decir, lo que existe por sí misma y, por lo tanto, es. El término se lo debemos a Aristóteles. Y el prefijo meta más que “por encima” es “después de la física”. Porque en el Organon, que se refiere a los escritos ordenados de este filósofo, es el tratado que sigue a la física por él propuesta.

Entrar en el laberinto de su pensamiento, o el de santo Tomás de Aquino, nos desviaría del propósito de este escrito. Basta considerar que la metafísica se refiere a lo que existe y, por lo tanto, lo que es (ellos lo plantearían al revés: primero el ser y luego el existir). Claro que se diría que lo primero que existe, y lo hace por cuenta propia, es Dios. No necesita de nadie para existir. A diferencia de otros seres como, por ejemplo, los seres humanos (que es el grupo de seres que interesa para estas líneas). El ser humano tiene una existencia donada. Y, se podría decir, que mantenida o sostenida. No solo si nos cortan el suministro de oxígenos fenecemos. Es que, dicho en el lenguaje de la metafísica de antes, nuestra existencia es sostenida por Dios, como si fuera prestada. Participamos de lo que es existir, porque Él nos hace participar.

Todo esto para aterrizar en el tráfico. Sí, ese que circula por las calles, con un enjambre de motos y carros zigzagueantes. Los que exhiben carreras de rutas y buses con anarquía en las paradas y semáforos de adorno.

¿Por qué es metafísica? Porque en la experiencia concreta de circular por las calles, así sea como peatón, se niega el reconocimiento de mi existencia. O sea, yo “no soy” para los demás. O los demás “no son” para mí. Y, si no soy, no tengo nada que exigir, ni a nivel legal ni a nivel moral. Simplemente no estoy porque no soy. Que es negar la existencia personal (soy alguien único e irrepetible, relacional, con interioridad y exterioridad). No puedo exigir, porque, si no existo y no soy persona (en el sentido jurídico), no tengo derechos que espero que se respeten, sea por conciencia (moral), sea por obligación (legal). Termino siendo un “no-ser” o un ser fantasmagórico, que habita en la fantasía. Y, si soy fantasía, soy descartable cuando los demás no requieran de mí.

No estaría mal, dentro del caos de las urbes venezolanas, que se hiciera un ejercicio de reconocimiento de la existencia del otro. Tanto de la manera como se conduce como el sentido de los semáforos y señales de tránsito. No vale colocarlas donde a la autoridad “le de la gana” sin otro objetivo que el de hacer alarde de su poder. Lo que incluye a los representantes del Orden, que serían los policías: no es un poder a su servicio y conveniencia.

No es el camión o la gandola la que tiene mayor existencia. Hasta la bicicleta, el peatón, quien va en silla de ruedas o con bastón, deben tener un espacio respetado dentro de las urbes, como respeto a su existencia, a su realidad óntica, que no es inventada.

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Alfonso Maldonado

Escritor. Enseñante de teología. Locutor. Fotografo. Defensor de los DDHH. Y, last but not least, sacerdote. VENEZUELA www.ficciografias.com https://www.ama