Mis recuerdos del 27F

Alfonso Maldonado
6 min readFeb 27, 2023
https://www.elnacional.com/venezuela/el-caracazo-las-imagenes-mas-impactantes-que-divulgo-el-nacional/

Me encontraba en Roma. Ese día, por la razón que fuera, me levanté tarde (cosa que no me enorgullecía). Bajaba las escaleras llegando al primer piso del Collegio Teologico Internazionale de los Carmelitas Descalzos en Roma. Ahí me topé con el padre Szczepan, polaco, que era uno de mis formadores. “Che cavolli stá passado in Venezuela?” (¿qué rayos está pasando en Venezuela?). Me acerqué al periódico más cercano, creo que sobre una mesa, metro y medio más allá. Normalmente los periódicos estaban en la planta baja. Así que no sé si me traicionan los recuerdos. Leo los titulares del Corriere della sera. Qué decía, no lo sé. Sé que era, como lo habitual, bastante escandalosos. Así trataban a las informaciones catalogadas de tercermundistas. Debía a lo mejor traer alguna fotografía.

Inmediatamente me decidí llamar a mis padres, pues, por supuesto, pensaba yo, sería una noticia alarmista. Una o dos veces al mes lo hacía, desde una especie de cabina interna que teníamos. Se pedía autorización (no sé si la pedí) y había un contador de pulsaciones (que se registraban en algún cuaderno o por el estilo).

Mis padres el año anterior habían hecho el esfuerzo de visitarme en Roma. Habían venido junto con unos tíos de España. Y ese año de 1989 debía regresar a Venezuela. Un voz alterada sonó al otro lado del océano. Mi padre quiso tranquilizarme: “No, nada, por aquí estamos bien”. Lo que significaba es que ellos estaban bien, pero lo demás no. El estallido social había sido una realidad.

Todo ello constituyó, para usar una expresión de guerra, una “tormenta perfecta”

Me tomó tiempo hacerme a la idea de lo que había pasado. De gran ayuda fueron los números sucesivos de la revista SIC dedicado a ese tema. Otro tanto seguirle los pasos al nacimiento de COFAVIC, hasta la exhumación de la fosa común en la Peste, en el Cementerio del Sur. O notar como, en medio del desconcierto posterior, se incorporó al padre Olaso, jesuita, al Ministerio Público en la Dirección de Derechos Humanos. Y la sorpresa y vergüenza de alguna editorial de un medio de televisión, no sé cuántos, que culpabilizaban a la gente (debí leerlo, pues no existía el recurso al internet todavía). Fue todo esto un proceso que me llevó algunos años. En los días previos a tomar mi avión de regreso, el hilo de la imaginación que se proyecta hacia el futuro tenía un corte abrupto. No sabía con lo que me encontraría. Hacia septiembre me encontré con un país cabizbajo, casi de luto, con una tristeza que se cortaba en el aire. Es lo que percibía caminando por el boulevard de Sabana Grande.

Luego de 34 años esos dos días siguen estado altamente politizados. Es cierto que el contexto fue el de los aumentos del combustible que, por otro lado, tomó por sorpresa a las fuerzas del orden. Tampoco se pudo seguir los procedimientos para estos casos, teniendo en cuenta que la Policía Metropolitana había estado exigiendo mejoras, por lo que la reacción fue tardía. Luego se tomó la decisión de sacar al ejército a la calle. Todo ello constituyó, para usar una expresión de guerra, una “tormenta perfecta”.

Conviene destacar que la solidaridad social, clave para conservar la mínima cohesión que posibilite la convivencia, se había roto el viernes negro (el 18 de febrero de 1983). Parece obvio para quien tenga una mínima noción de economía, como fue desatinada e irresponsable el manejo de la misma. Igual fallaron los controles institucionales para evitar el endeudamiento de la nación y los políticos se mostraron como lo que son muchas veces: unos filibusteros en alta mar, ávidos de hacerse con el botín. El espejismo de la estabilidad económica se rompió y, de 4,30, el cambio saltó a 7, con un esquema diferenciado para algunos rubros. Las clases altas encajaron el golpe. Las medias consiguieron acomodarse, puede que de manera corporativa. Mas los barrios y zonas populares no corrieron con la misma suerte: fueron dejados a su suerte y resignación.

…los políticos se mostraron como lo que son muchas veces: unos filibusteros en alta mar, ávidos de hacerse con el botín

De forma lejana y no exhaustiva, resuenan las palabras de Arturo Uslar Pietri, por los años cuarenta, sobre “sembrar el petróleo”. Tal cosa no se dio. Ni siquiera se tenía la claridad del modelo a seguir, como país, por estar anatemizada la iniciativa privada como usurera por naturaleza. Así que, en un ejercicio irresponsable y desde complejos, ni se invirtió en educación ni se impulsó una economía independiente, plural, diversificada y exportadora (con Hugo Chávez se castigaría a las contadas empresas que exportaban). El mensaje implícito era (y es) que, si tú perteneces a los últimos estaños de la sociedad, de ahí no se saca ni “Mandrake”. Tu futuro depende de que te tiren una soga desde arriba y, por supuesto, que seas más “vivo” para agarrarte a ella antes que tu vecino.

Fueron Ramón Piñango y Moisés Naim quienes se percataron de la bomba que se estaba creando. Por un lado, el Índice de Crecimiento per Cápita se había sostenido por años. Pero, por el otro lado, la brecha social, lo que se llama la desigualdad, también. A esto se sumó el proceso de despilfarro y endeudamiento de la administración de Jaime Lusinchi, para crear una ilusión que favoreciera la elección de Carlos Andrés Pérez, su compañero de partido, en contra de Eduardo Fernández. Y que, en el imaginario colectivo, el regreso de Carlos Andrés, o CAP, implicaría el retorno a la bonanza de su primera administración, la del boom petrolero o Venezuela Saudí.

Carlos Andrés ganó. Y su propuesta fue la de “el gran viraje”. Dentro de un contexto de recetas neoliberales a nivel mundial (con desaciertos en muchas partes, dicho sea de paso), cuando ya comenzaba a hacer aguas la ilusión comunista (en la Unión Soviética estaba Gorbachov y proponía la modernización a través de la Perestroika o “transparencia”). Se comprometió en la aplicación de un recetario que, en muchas cosas, podía haber sido acertado. Sin embargo, la falta de comunicación y las señales confusas como la toma de la presidencia en el teatro Teresa Carreño (que se la llamó la “entronización”), precipitaron por el retrete una transición de país que requería de mucha comunicación política y consensos. Además de la responsabilidad que pudo haber tenido Carlos Andrés (más que su equipo de gobierno), las élites de partidos y sindicatos tampoco estuvieron a la altura de los tiempos.

El malestar se desbordó en Guarenas a las primeras horas de ese lunes 27 de febrero. Poco a poco fue contagiando a la gente de Caracas. De las protestas siguieron los saqueos. Y con los saqueos llegó la represión en manos del ejército. También sobrevino la cacería de bruzas, como si fuera una conspiración: los jesuitas de la Vega fueron detenidos. Y, aun cuando sigue habiendo versiones sobre que los incidentes fueron provocados (el general Peñalosa ha planteado la presencia de agentes cubanos), lo que me parece evidente como factor clave el divorcio consumado entre la clase dirigente, el sentido común y la gente. Si se juega al suicidio, estas cosas pueden pasar. Como luego pasaron el 4F y 27N, con razones de subversión y planificación de otro tipo, pero que hallaron justificación en el ideario popular como procesos de reivindicación justiciera.

Añadimos un año más a perpetuar el recuerdo de aquellos días. Nos negamos en dejar en manos de los politiqueros y conspiradores la interpretación que debe abordarse desde el rigor de la historia. La transmutación de los hechos para que calce en la simplificación de una epopeya es un mal recurso. La Evolución de las Especies, puede que no en sus detalles, es un hecho incontrovertible. Que la historia evolucione con progreso paralelo no es tan claro. Y que el estadio último de progreso de la humanidad sea la utopía socialista, es una trampa cazabobos. Al final, los que predican el paraíso en la tierra son (¡que casualidad!) los que lo estarán dirigiendo. Nunca hay uno que sea su predicador, que acepte brindar el ejemplo de ser dirigido. Según parece, en ellos está el monopolio de la salvación infraterrena. Quienes no estén de acuerdo, serán declarados anatemas. Falta saber si se encenderán las hogueras inquisitoriales para quien reniegue de la historia oficialista.

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Alfonso Maldonado

Escritor. Enseñante de teología. Locutor. Fotografo. Defensor de los DDHH. Y, last but not least, sacerdote. VENEZUELA www.ficciografias.com https://www.ama