MONS. ÁLVAREZ: UN SIGNO DE CONTRADICCIÓN

Alfonso Maldonado
5 min readFeb 19, 2023

Profetismo, Derechos Humanos y Libertad religiosa

Nicaragua “libera” a 222 prisioneros de conciencia y prisioneros políticos. Entre ellos está un grupo de religiosos. Pero, delante del avión, uno de ellos, Mons. Rolando Álvarez, se niega a subir.

Esta información, la de la liberación, fue noticia durante la semana, junto con el terremoto de Siria y Turquía y los incendios de Chile. Detrás de la medida de “gracia” hay, sin embargo, otra sanción: el destierro y el extrañamiento, por el que se quedan sin ciudadanía y, por lo tanto, como apátridas ¿Cuál es el objetivo político? Preguntárselo es pertinente. Sin embargo, no será objeto de estas líneas. Más bien, verlo desde el Evangelio y lo que implica la fe y, por supuesto, desde los DDHH, en especial el que concierne a la libertad religiosa.

Antecedentes

La situación en Nicaragua se ha encrespado desde hace ya varios años. En el 2018 hubo unas jornadas de protestas importantes, que ocasionaron muertes, detenciones y torturas sin precedentes. Mons. Silvio Báez, a quien el Papa le pediría (ordenaría) que abandonase el país ante la información creíble de que estaría en riesgo su vida (2019), en esa oportunidad fue cercano a los manifestantes. Y, junto con obispos y sacerdotes, testigo de la represión. En esos meses, en una entrevista, Mons. Silvio Báez se quebró y comenzó a llorar, ante el sufrimiento sin razón a que eran sometidos los jóvenes detenidos, que solo buscaban una mejor Nicaragua.

En el camino han ido deteniendo a políticos de oposición, todos aquellos que pudieran poner en riesgo la continuidad de los Ortega en el poder. Se cerraron medios, se apresaron periodistas y hasta alguno fue asesinado. Se proscribieron las organizaciones de DDHH y se expulsaron otras internacionales. La misma Comisión Interamericana de DDHH tuvo que salir del país en el 2018. El llamado “espacio cívico”, es decir, la posibilidad que organizaciones no gubernamentales puedan actuar en lo público se ha ido cerrando.

En el 2020 murió reconciliado con la Iglesia el sacerdote y poeta nicaragüense Ernesto Cardenal. El mismo Mons. Silvio Báez lo visitó en su lecho de enfermedad algún año antes. Todavía se pueden conseguir videos de Ernesto Cardenal celebrando la Eucaristía en algún campo de la guerrilla sandinista, en su lucha contra el dictador Anastasio Somoza. Igual se recuerda su imagen de rodillas en el aeropuerto frente a Juan Pablo II, mientras este lo amonestaba de forma enérgica. Por esas fechas se le prohibió ejercer sus funciones como sacerdote, junto con otros tres sacerdotes más, al estar implicado en cargos políticos en el nuevo gobierno nicaragüense. Nadie mejor que Ernesto Cardenal para retratar la transformación del gobierno de Ortega. Recuerdo haber leído una frase que decía algo como: “lo que no consiguieron hacer las balas y los tanques, lo consiguieron los Jaguar y los Rolex”.

¿Labor profética o labor político desestabilizadora?

Mons. Rodolfo Álvarez fue detenido en agosto del 2022. En sus homilías fustigaba el abuso de poder, la corrupción y la violación de los DDHH. El procedimiento, por supuesto, fue irregular. El jueves 9 de febrero se negó alcanzar la libertad si se subía al vuelo organizado por los Estados Unidos. Por lo visto, no sabían que la liberación conllevaba el destierro, que parece no estar contemplado en las leyes nicaragüenses. Menos el extrañamiento, es decir, la pérdida de la ciudadanía y los derechos civiles, además de los políticos, por lo que llegarían a Norteamérica en condición de “apátridas”, sin pertenecer a ningún país y, esto es, sin poder ejercer ni reclamar sus derechos ante nadie.

El obispo se negó subirse al avión y ahora es condenado a 25 años de prisión, más de lo que va a vivir Daniel Ortega. Habría que recordar que el prelado, siendo un joven de dieciocho años, sufrió varias detenciones al negarse prestar el servicio militar obligatorio.

¿El obispo está siendo condenado por participar, de manera lícita o no, en actos políticos? ¿o está actuando en el ejercicio de su derecho a la libertad religiosa? Esto necesita un análisis un poco más meticuloso.

En distintas situaciones y países obispos y sacerdotes ejercen sus derechos como ciudadanos a expresar su opinión. Esto inclusive puede considerarse un deber moral. Lo hacen en la búsqueda del bien común. Tal cosa se refiere a la convivencia ciudadana e incluyen valores y relaciones, pero también normas e instituciones. En democracia tal derecho es clave sea para concertar políticas en común o corregir abusos del tipo que sean. Puede tener el riesgo que se interprete como un apoyo tácito hacia alguna opción política partidista, pero en principio no debería ser así. Se quiere incidir en la política como convivencia de la polis (significa “ciudad” en griego”), sin que necesariamente siempre sea tan fácil.

Un ejemplo claro se produjo en las pasadas elecciones en los Estados Unidos. Un valor esencial para los católicos conscientes es el valor de la vida del no nacido (nasciturus). Esto desde el mismo momento de la concepción. Uno de los temas que enfrentó a Trump con Biden fue su posición frente al aborto. El primero manifestaba su oposición mientras el segundo su apoyo.

Sea por razones electorales o por convencimiento, ese fue un punto importante (y polarizante) de la campaña electoral. En el pasado se había dado con Obama a nivel interno. Por lo que quedaba la pregunta sobre por cuál candidato debía votar el creyente. Lo que sirvió para que se pasara a un siguiente nivel ¿autoridades religiosas, como obispos, o personas consagradas podían o debían mostrar abiertamente su apoyo a Trump? Algunos lo hicieron, pero tal cosa se consideró reprobable ¿Se deben inhibir sacerdotes y obispos de pronunciarse a favor de la vida, por la tolerancia o para no interferir en las elecciones? Seguro que no. Pero la línea entre lo que se puede hacer y lo que no es muy sutil. Pero, en principio, el pronunciarse sobre ciertos temas, que son políticos y morales, no solo es un derecho, sino hasta un deber para obispos y sacerdotes. Puede estar contenido en el Evangelio y debe mantenerse, así se sufra persecución o cárcel.

Libertad de culto y religión

Lo otro es si se está ejerciendo la libertad religiosa o se trata de derechos políticos. El punto es más sutil. La tolerancia fue un puerto de llegada para Europa en el siglo XVII. Luego de 30 años de guerras de religión, se firmó la paz de Westfalia en 1648. Con esto se regulaba el respeto por las diversas creencias cristianas, respetando las regiones prevalentemente católicas y las prevalentemente protestantes.

Pero, para el cristianismo, la libertad religiosa no es solo libertad de culto. No basta con que se puedan celebrar misas sin ningún tipo de acoso. Conlleva también la libertad para evangelizar, que está ligado a la libertad de conciencia, búsqueda de la verdad y libertad de opinión. En países con tradiciones religiosas distintas al cristianismo resulta complicado. En países de tradición religiosa debería ser comprendido que, además de la predicación dentro del templo, se aspira a la posibilidad de que existan escuelas y universidades católicas, centros de salud y hasta medios de comunicación. En la medida en que se amplía la presencia de quienes actúan desde la fe, en este tipo de instituciones, la incidencia en lo público es más explícito. Además de tantas personas que, en instituciones sin confesión religiosa u organismos del Estado, actúan desde la fe y no solo como personas de buena voluntad.

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Alfonso Maldonado

Escritor. Enseñante de teología. Locutor. Fotografo. Defensor de los DDHH. Y, last but not least, sacerdote. VENEZUELA www.ficciografias.com https://www.ama